1+1=3

Es el departamento en el que crecí con mis hermanos y mis papás. Viví desde los tres hasta los veinte años. Volví a los 27, con Lu. Y ahora es el departamento de Emma también. Viven muchos taxistas en el edificio. Las charlas de ascensor, son también charlas de taxi.

Lo decoramos todo mucho nosotros con cosas que nos copan de jugar y eso.

Las flores son de Noralí.

Es un 3 ambientes. Vivimos nosotros. La oficina (los dos trabajamos desde casa) es ahora la habitación de Emma. A veces dormimos la siesta en el living. Sentados.  Antes no, nunca.

Nuestra casa es tan importante para nosotros como para ET. Es todo. Hacemos todo acá y nos copa. Está bueno, porque si bien no es muy grande, se puede estar solo, leer, ver una peli y no estar amontonaditos.

A determinadas horas tomamos espacios diferentes de la casa: Emma y Lu en la habitación, yo en el living. Hemos llegado a chatear entre habitaciones, pero reconocemos que es algo raro de hacer.

Yo a este departamento lo quiero mucho porque pasé casi toda mi vida acá. Lu también lo quiere, me dijo.

Además de vivir, escribimos (yo, la verdad, escribo más que nada en bares, fuera de casa), cantamos fuerte también, jugamos algunos juegos. Con Emma estamos menos gritones, hablamos mucho en susurros, es cómico.

Yo lo reformé primero (mucho Easy y libros tirados), cuando vino Lu, hace cuatro años, lo fuimos mutantizando. Tenemos dibujos (cuadros) nuestros, de amigos, muñequitolandia, cosas mutantes de barrio chino.

En fin, eso que hacen todos, lo hacemos también nosotros. A mí me gusta juntar cosas, disfruto parando muñequitos en muebles, ordenándolos…

Txt por Santiago Craig.

Leer más de Santiago en Paintyagua y de Luciana en Poesía Completa

Photos by Luciana De Luca & Santiago Craig

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5 responses to “1+1=3

  1. Todo muy lindo, pero guarda con esos pitufos ahi…

  2. Tienen una historia esos pitufos: Nos los regaló Diego, un amigo que vive en Amsterdam. A él se los habían regalado en un supermercado (te los daban si gastabas más de X plata) y, como yo le dije que me gustaban, me los dió.
    Cuando volvimos del viaje, las valijas en las que traía a los pitufos se perdió y Diego me confesó, culposo, que tenía miedo que haya sido la influencia de los muñequitos, porque, me dijo, me los había regalado más que nada para sacárselos de encima.
    El, como mucha gente, cree que los pitufos son yeta.
    Yo no: la valija no solo apareció sino que en la descripción que hice de los daños causados por la pérdida a la compañía aerea puse que habían roto mi colección original de pitufos y me gané unos cuantos morlacos.
    Así que buena onda: los pitufos se manifiestan de maneras misteriosas

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