La Alborada

En mi familia le decimos la quinta, pero no es más que una casita en las afueras de Paraná (Entre Ríos).
En realidad, es parte de una enorme extensión de campo que supo ser una gran quinta, propiedad de mi familia. Pero que a lo largo de los años se fue dividiendo entre mi padre y sus hermanos, se fue parcelando en lotes y vendiendo a otras personas.
Ahora solo quedó el nombre, una pequeña extensión de tierra y muchos vecinos desconocidos.

Hasta hace 20 años vivían los caseros del lugar, pero después mi padre reformó la casa y la agrandó.
Como tiene dos entradas, de un lado, le pusieron “La alborada” (sinónimo de alba o crepúsculo matinal) y del otro “La blanqueada”. Los dos tags refieren a los lugares donde se pone y sale el sol.

Es una casa cálida, con muchos detalles en madera, paredes irregulares (creo que de adobe) y pisos rojos, esos típicos que se usan para estas construcciones.
Está íntegramente poblada de muebles comprados en remates de la zona, muebles lindos antiguos de roble y por supuesto, muchos elementos decorativos típicos de las casas de fin de semana (flores de plástico, raquetas de tenis que nadie usa, sombreros de algún crucero, radios que no andan pero están ahí). La resaca de mi casa, siempre va a parar a la quinta.

No he pasado allí más que algunos veranos con amigos, en vacaciones. Pero cada vez que voy, me siento en mi casa. El ruidito de los grillos en el verano a la noche es maravilloso, y los perros que siempre andan dando vueltas, buscando restos de comida y algunas caricias.
Cuando voy, me pierdo en el tiempo, prendo el combinado y escucho discos heredados de mi tía o de mis hermanos. Hay algunos vinilos de Sergio Mendes o Aretha Franklin que son gloriosos y que en otro lugar no sonarían tan bien. Obligado es escucharlos mientras te tomás una cervecita en la galería, a la tardecita.

El mejor momento del día allí, es a la mañana, temprano. Mate en mano mientras te lees algún libro viejo que encontraste en la biblioteca. Hay que hacerlo debajo de un árbol, siempre con un perrito apoyando el hocico en los pies.

Photos & txt by Luciana Esnaola.

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4 responses to “La Alborada

  1. Nunca olvidar los viejos juegos que pueden desempolvarse para volverlos a la vida: cuántas veces jugamos el juego de mente, hasta ya saber las respuestas de memoria?
    Tradición familiar estival.

    La verdad es que el mate con bizcochos de la mañana es, absolutamente, lo que más extraño de ese lugar…
    cariños grandes

  2. que lindo luuuuuu. besos

  3. Gracias April! Un besito!

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